

Seguir confiando [colectivamente] en las imágenes OCCIDENTE / Juan Carlos Jiménez Abarca
Dependiendo de la situación, las miradas pueden ser ciegas o penetrantes; los gestos, brutales o delicados; los pensamientos, inadecuados o sublimes […] La cuestión es, más bien, cómo determinar, cada vez, en cada imagen, qué es lo que la mano ha hecho exactamente, cómo lo ha hecho y para qué […] Frente a cada imagen, lo que deberíamos preguntarnos es cómo (nos) mira, cómo (nos) piensa y cómo (nos) toca a la vez.
–Georges Didi-Huberman, Cómo abrir los ojos
Las imágenes fotográficas pueden estudiarse en su autonomía formal y conceptual, pero también son entidades extrañas que revelan cómo opera la sociedad en que se han producido; condensan discursividades y —con todo y su calidad de instante detenido— forman parte del continuo temporal gracias al cual se crean, circulan, se comparten y producen sus efectos.
Interrogando sobre cómo nos miran, cómo nos piensan y cómo nos tocan las imágenes, abrimos la posibilidad de revertir el sentido de cualquier indagación: el objetivo es tomar las preguntas de investigación y aplicarlas a nuestro punto de vista para que nos involucren y nos afecten. Por ello, en esta cartografía sobre la región Occidente de México se comprende la imagen como un acontecimiento y no tanto como obra; más como elemento cohesionador y generadora de agentes para la organización que como expresión individual de una realidad específica (aunque esa opción no quede excluida). En la era de la post-verdad, de inteligencias artificiales generativas y manipulación de los medios y la información, volver a confiar en las imágenes resulta fundamental, sobre todo de manera colectiva y contingente. Los proyectos aquí presentados apuntan en dicho sentido.
Este año una imagen cobró poder comunicativo y de convocatoria en México: una bailarina ejecuta sus movimientos en lo que queda de las escaleras de un complejo arquitectónico destruido. Tras de sí, un trascabo de oruga y un camión de volteo permanecen inmóviles sobre los escombros de lo que hasta hace muy poco era la Ciudad de las Artes en Tepic, Nayarit. Para agosto, la demolición dejaría campo libre a la construcción del nuevo estadio de fútbol “Nicolás Álvarez Ortega”. La inconformidad inmediata de habitantes en la ciudad, una robusta cobertura en varios medios nacionales y el obsequio de una suspensión provisional dada por una jueza federal fueron parte de la secuencia de acontecimientos solamente en junio. La fotografía, y los videos breves compartidos por redes, tuvieron un rol fundamental para avivar la atención pública, y representar ante ella un momento de resistencia y unidad del movimiento comunitario que las hicieron posible.
Efraín Arcadia, médico de profesión que también practica la fotografía, no reconoce la imagen como únicamente suya. Para él, es tanto o más importante la presencia de la bailarina Fernanda Gómez que su uso de la cámara y la incitación a la oportunidad. Dada a conocer la foto, hizo lo contrario a lo que haría quien prefiere reservar los derechos de la imagen para monetizar su uso y controlar su circulación: liberó la carpeta de las imágenes obtenidas, junto con un texto donde narra su desprendimiento. “No necesita de un crédito. No se trata de mí.” También ha rechazado dar entrevistas a medios de todos los calibres. Su voluntad es que la tenencia de la imagen sea comunitaria: Copyleft sobre el Copyright; sirve para un propósito, excede la noción de carrera artística o creativa.


La Ciudad de las Artes en Tepic, cuyo derribo continúa al día de hoy a pesar de la suspensión provisional, es un caso representativo de la región que estamos tratando: la vulnerabilidad de las infraestructuras culturales y educativas es real. No por nada hay que restituir el “tejido social” echando mano de todas las instalaciones posibles: se sabe que pueden tener un rol importante para fomentar la paz, ofrecer alternativas a las juventudes e infancias para que no participen de la violencia. Pero la operatividad gubernamental se conforma con producir eventos y presumir numeralias. Cualquier museo, parque o centro cultural puede aparecer y desaparecer sin mayor aviso. En el Occidente nada está garantizado.
Lo que estamos cartografiando aquí se relaciona con las formas de organización que distintas comunidades creativas implementan en la región para hacer frente a semejante deriva pública. Orientamos la atención a cierto valor de uso de las imágenes, a su capacidad para establecer vínculos: reunirse y organizarse en colectivo. Reconozco que esto desplaza el interés sobre novedades en la teoría y la producción formalista de las imágenes fijas y en movimiento. No porque algo esté ocurriendo durante bastante tiempo ve reducida su relevancia frente a las innovaciones conceptuales, más aun si lo que se busca es un efecto contingente en su entorno inmediato, comprendido como Escena Local o Escena de Arte.
Es vieja conocida la estrategia de fomento a la producción artística por parte de instituciones gubernamentales: concursos de foto temáticas, premios, becas y demás etcéteras. Particularmente en Colima se frecuenta este tipo de vías, promoviendo la participación de la población mediante convocatorias como Alas de Colima (2024), cuyo tema es la fotografía de aves, así como otros certámenes que ponen el énfasis en la representación de la biodiversidad del territorio.
Apropiándose de esa estrategia, y complementando la maniobra con diálogos para la discusión y debate sobre el medio fotográfico, la Agencia F/64 (Flor Larios y Mario Chávez) ha lanzado también concursos (Colima a través de mis ojos y la No Bienal de Fotografía 2023) y diálogos con creadores locales. Esta estrategia es homóloga a los Diálogos con la Fotografía que ha promovido Elsa Escamilla en Michoacán desde su llegada al estado a finales de 2003, y que procura realizar en cada exposición en la que se ve involucrada, a cualquier nivel.

Elsa se estableció en Michoacán tras ser enviada por el Centro de la Imagen a Morelia para realizar talleres. Su labor docente la ha dedicado a jóvenes e infancias, y su práctica fotográfica a la nación p’urhépecha, particularmente las mujeres. Su conocimiento de la historia de la fotografía en México ha motivado estudios sobre las tradiciones o vocaciones fotográficas en lo profundo de los municipios mexicanos, particularmente en Occidente. Cada estado de la región cuenta con tesoros de investigación por ser explorados y documentados. Ahí, mujeres y hombres jóvenes trabajan sobre artistas visuales locales al tiempo que investigan sobre las prácticas profundas e insospechadas de la producción de imágenes en cada región, entre la labor historicista, la crítica feminista a la Historia del Arte y la mirada atenta y situada sobre la práctica visual.
En este sentido, deseo destacar dos ejercicios en Jalisco y Chihuahua. Ricardo Guzmán, artista y documentalista, curó la exposición Codificar, almacenar, recuperar. Fotografía contemporánea en Jalisco (2024), con presencia en el Centro de la Imagen y en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG) en Guadalajara, mientras que el fotógrafo e investigador Jaime Baillères convocó a la muestra colectiva Exilios del imaginario: revisión de la fotografía en Ciudad Juárez 1968–2018 (Museo de Arte de Ciudad Juárez, 2018). Fueron perspectivas oblicuas, miradas comprensivas y sesiones de diálogo y mutuo reconocimiento que procuraron ofrecer una exploración de memoria visual y de historia reciente. La serie Sendero de Ricardo Guzmán –impresiones en papel de imágenes satelitales desbastadas para trazar la trayectoria de tornados en zonas urbanas y semi-rurales– ilustra bien el espíritu que animó esas investigaciones/exposiciones: describir el campo, rastrear los fragmentos, sopesar las consecuencias, ya no de fenómenos naturales sino de prácticas artísticas puestas en perspectiva.

En paralelo ocurren iniciativas formales, no gubernamentales, para la visibilización de prácticas fotográficas profesionales. El Festival Tragaluz de Fotografía e Imagen, impulsado por Jesús Cornejo desde Michoacán, y la plataforma Fotógrafas del Norte, de Velia de la Cruz, son dos ejemplos de propuestas estratégicas que han cobrado relevancia en los últimos cinco años. Operan desde el ánimo por dar a conocer la diversidad fotográfica en el país, el desarrollo de herramientas para la conformación gremial y la inspiración mutua entre comunidades dispersas territorialmente, aunque reunidas en torno a la imagen. A su vez, se sostienen por la noción de confianza colectiva en las imágenes con un elemento adicional: en cada estado de esta región existe la voluntad de auto-investigarse y documentar los saberes, memorias y prácticas fotográficas propias.
Deseo destacar un aspecto más que tienen en común Tragaluz y Fotógrafas del Norte: tanto Velia como Jesús reconocen de manera retrospectiva influencias tempranas y familiares, memorias que en algún momento activaron la convicción de que su elección por la práctica fotográfica era algo que proviene de sus infancias. En distintos medios y entrevistas, Velia de la Cruz destaca la influencia recibida por la profesión de su madre en el diario local de Parral, Chihuahua, donde se desempeñaba en el área de fotomecánica y cuarto oscuro. Su labor no era de producción fotográfica en sí, pero tuvo un papel importante en la ilustración visual de coberturas periodísticas. Recuerda haber pasado muchos domingos junto con su hermana en las instalaciones del diario, jugando con el instrumental del laboratorio, conviviendo con reporteros y fotógrafos que coincidían en ese espacio. Incluso tiene muy presente aún el olor al químico de revelado que se impregnaba en la ropa de su madre y que ella percibía cuando volvía por las noches a casa. Al trasladarse a Monterrey, para estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Nuevo León, y al recurrir al trabajo fotoperiodístico para cubrir los gastos de la vida diaria y sus estudios, este antecedente cotidiano cobró relevancia, dando una sensación de familiaridad al descubrir una vocación fotográfica.

Por su parte, Jesús Cornejo reconoce también de manera retrospectiva la influencia de su padre no solo en la omnipresencia de la cámara réflex (una Minolta X100) en la vida diaria y las experiencias que él, sus hermanas y hermanos gozaron gracias a la curiosidad y al asombro por la vida que el señor Cornejo mostraba tanto en San Lucas (población de tierra caliente en Michoacán) como en sus viajes familiares. Levantarse a las cinco de la mañana para que pudiera mostrarles el amanecer, señalar sus colores, cómo se transforma el paisaje con los cambios en la luz. Parar en algún puesto a la orilla de la carretera consumir alguna bebida o alimento, al tiempo que se tomaban fotos y conversaban con las personas que encontraban. Trasladarse al mercado para recopilar historias de la gente local, incluyendo anécdotas y procedimientos relacionados con las recetas que se conservan en las tradiciones y memoria de las personas. Hoy por hoy, la familia de Jesús reconoce el valor formativo y cohesionador que ejerció el amor de su padre hacia la memoria oral, las cocinas tradicionales y a la fotografía. Estas tres son áreas de actividad pretérita y actual: su madre y su padre participan activamente en la divulgación de la cocina tradicional de la Tierra Caliente, la música y la producción fotográfica, realizando retratos, así como imágenes de eventos sociales y graduaciones en distintas rancherías aledañas a San Lucas.
Ambas trayectorias están marcadas por estas memorias primigenias y se han desarrollado con amplitud en géneros como la fotografía documental y la imagen editorial, encontrando en su camino la necesidad o el impulso por establecer plataformas que permitan que otras creadoras y creadores se reconozcan entre sí y puedan ser reconocidas por audiencias cada vez más amplias. Sus alcances han tenido como consecuencia que sean consideradas iniciativas de obligada referencia en sus regiones, marcando el sur y el norte de la región Occidente en esta cartografía. Continúan transformándose y ejercen sus influencias de forma palpable.
Otra consecuencia de Fotógrafas del Norte es la producción de un ejercicio más de documentación específica: Fotógrafas de Jalisco, más allá de la imagen, una exposición colectiva y estrategia de vinculación que se expone en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (musa) en el momento en que se escribe este texto. La muestra es “una invitación para pensar la creación fotográfica como medio crítico que contempla y devela realidades, miedos y anhelos. También nos muestra la potencia de lo colectivo como estrategia para ampliar el diálogo, cuestionar narrativas dominantes y construir nuevas formas de representación desde lo íntimo, lo político y lo comunitario.” Así es como continúan y proliferan las apuestas colectivas por la imagen en el Occidente mexicano.
Nota final. Reconozco que en este texto no se mencionan iniciativas y proyectos específicos para los estados de Durango y Sinaloa. Ello no implica que éstos no existan ni que no se hayan encontrado en la investigación previa. Para esta cartografía, la delimitación territorial del occidente se definió de manera amplia, y el propósito de este texto es el de presentar una muestra representativa para la región, sin pretensiones exhaustivas.

- “Entendemos por Escena de Arte el grado de institucionalidad y conjunto de capacidades desplegadas entre organizaciones y personas que trabajan en arte en un determinado territorio. La existencia de una escena implica una serie de acuerdos sobre cómo el arte circula y es producido. Dentro de esta noción, podemos determinar tres tipos de escena según su desarrollo e influencia: Comunidades de Arte, Escenas Locales y Escenas Hegemónicas.” En Jorge Sepúlveda, Guillermina Bustos y Federico de la Puente, Escenas Locales de Arte en Latinoamérica, Córdoba, Curatoría Forense, 2024, p. 9. Disponible en https://www.curatoriaforense.net/escenas_locales/escenas-locales-de-mexico/
- Por ejemplo, véase Angélica Morales Orozco, Mujeres en la Fotografía. Historia del Arte y tres casos de estudio. Tesis de licenciatura no publicada. Universidad de Morelia, 2021. Disponible en https://www.academia.edu/50939777/Mujeres_en_la_Fotografía_Historia_del_Arte_y_tres_casos_de_estudio. Véase también Miguel Vallebueno y Silvia Nájera, Durango y su gente. La representación de imágenes fotográficas de una sociedad 1859–1970, México, Instituto de Cultura del Estado de Durango, 2015.
- Cecilia Hurtado, citada en Sandra Reyes, “Fotógrafas jaliscienses presentan en musa el poder de la mirada”, https://www.musaudg.mx/single-post/fotógrafas-jaliscienses-muestran-en-musa-el-poder-de-la-mirada, 5 de septiembre de 2025.
